20 años transformando vidas en Costa Rica

Señor Presidente de la Junta Directiva, Sr Carlos Sanchez Argona, estimados miembros, actuales y quienes nos acompañan de juntas directivas pasadas; a los colaboradores y colaboradoras que cada día, con vocación y entrega que hacen posible esta misión, y a todas y cada una de las asociadas de esta extraordinaria organización: gracias por su bienvenida a esta celebración que nos pertenece a todos y a todas.

Me presento ante ustedes no como quien fui, sino como quien soy: Roberto Batalla, quien aparte de permitirme ser un instrumento más en esta organizcion, me han hornrado de nombrarme Presidente Emérito de Grameen, y con mucho orgullo, su primer presidente costarricense. Eso me llena el alma de una gratitud que no cabe en palabras — aunque hoy lo intente.

Hace veinte años, cuando emprendimos este camino, traíamos en las manos una semilla y en el corazón una certeza: que el crédito no es un privilegio, sino un derecho de los que

trabajan y sueñan. Eso nos enseñó Muhammad Yunus —Premio Nobel de la Paz— cuando en 1974, en una aldea de Bangladesh, prestó veintisiete dólares a cuarenta y dos mujeres.

No fue caridad. Fue, como él mismo lo llamó, dignidad.

“La caridad puede ser humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.”

Mi hijo Arnoldo tuvo el privilegio de estudiar en La Earth y esto lo llevó a trabajar en microfinanzas directamente con Yunus en Bangladesh. A su regreso, y antes de hacer su maestria, su primer trabajo fue con la Asociacion, acá en Guacimo, en los primeros años, y aún recuerda haber vivido en un cuarto cerca de este mismo lugar donde hoy estamos.

Ese recuerdo cobra hoy una dimensión única: lo que para él fue un cuarto pequeño y una experiencia transformadora en un país con retos sociales muy serios, para todos nosotros terminó convirtiéndose en el árbol que hoy, con veinte años de raíces profundas, se ha convertido gracias a todos los presentes y aquellas miles de mujeres lideres todas, las han precedido.

Veinte años. Eso no es un dato —eso es un legado. Son miles de mujeres costarricenses como dije. Madres, hijas, abuelas, emprendedoras— que encontraron en Grameen algo que ningún banco convencional les ofreció: confianza. Una mano tendida no para darles, sino para caminar junto a ellas.

A todas ustedes, asociadas de Costa Rica Grameen: gracias. Gracias por cumplir, por crecer, por enseñarnos que cuando se le da una oportunidad a una mujer, no solo cambia ella —cambia su familia, su comunidad, su país. “Amar bien, servir mejor y agradecer siempre.”

Eso es lo que esta institución me enseñó a hacer. Y eso es lo que cada una de ustedes encarna con su esfuerzo diario. Me siento más que orgulloso —me siento afortunado— de haber sido parte de algo tan trascendental, con tanto sentido de coherencia e inclusión.

Quiero hacer un reconocimiento especial y un atento saludo a la Junta Directiva de hoy, a sus colaboradores y colaboradoras: ustedes son quienes mantienen viva esta llama.

Están construyendo el futuro sobre roca sólida, y eso siempre resiste cualquier vendaval.

Que Dios bendiga a Costa Rica Grameen, a todas sus empresarias, y que los próximos

veinte años sean aún más luminosos que estos que hoy, con tanta gratitud, celebramos.

¡Muchas gracias!

Señor Presidente de la Junta Directiva, Sr Carlos Sanchez Argona, estimados miembros, actuales y quienes nos acompañan de juntas directivas pasadas; a los colaboradores y colaboradoras que cada día, con vocación y entrega que hacen posible esta misión, y a todas y cada una de las asociadas de esta extraordinaria organización: gracias por su bienvenida a esta celebración que nos pertenece a todos y a todas.

Me presento ante ustedes no como quien fui, sino como quien soy: Roberto Batalla, quien aparte de permitirme ser un instrumento más en esta organizcion, me han hornrado de nombrarme Presidente Emérito de Grameen, y con mucho orgullo, su primer presidente costarricense. Eso me llena el alma de una gratitud que no cabe en palabras — aunque hoy lo intente.

Hace veinte años, cuando emprendimos este camino, traíamos en las manos una semilla y en el corazón una certeza: que el crédito no es un privilegio, sino un derecho de los que

trabajan y sueñan. Eso nos enseñó Muhammad Yunus —Premio Nobel de la Paz— cuando en 1974, en una aldea de Bangladesh, prestó veintisiete dólares a cuarenta y dos mujeres.

No fue caridad. Fue, como él mismo lo llamó, dignidad.

“La caridad puede ser humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.”

Mi hijo Arnoldo tuvo el privilegio de estudiar en La Earth y esto lo llevó a trabajar en microfinanzas directamente con Yunus en Bangladesh. A su regreso, y antes de hacer su maestria, su primer trabajo fue con la Asociacion, acá en Guacimo, en los primeros años, y aún recuerda haber vivido en un cuarto cerca de este mismo lugar donde hoy estamos.

Ese recuerdo cobra hoy una dimensión única: lo que para él fue un cuarto pequeño y una experiencia transformadora en un país con retos sociales muy serios, para todos nosotros terminó convirtiéndose en el árbol que hoy, con veinte años de raíces profundas, se ha convertido gracias a todos los presentes y aquellas miles de mujeres lideres todas, las han precedido.

Veinte años. Eso no es un dato —eso es un legado. Son miles de mujeres costarricenses como dije. Madres, hijas, abuelas, emprendedoras— que encontraron en Grameen algo que ningún banco convencional les ofreció: confianza. Una mano tendida no para darles, sino para caminar junto a ellas.

A todas ustedes, asociadas de Costa Rica Grameen: gracias. Gracias por cumplir, por crecer, por enseñarnos que cuando se le da una oportunidad a una mujer, no solo cambia ella —cambia su familia, su comunidad, su país. “Amar bien, servir mejor y agradecer siempre.”

Eso es lo que esta institución me enseñó a hacer. Y eso es lo que cada una de ustedes encarna con su esfuerzo diario. Me siento más que orgulloso —me siento afortunado— de haber sido parte de algo tan trascendental, con tanto sentido de coherencia e inclusión.

Quiero hacer un reconocimiento especial y un atento saludo a la Junta Directiva de hoy, a sus colaboradores y colaboradoras: ustedes son quienes mantienen viva esta llama.

Están construyendo el futuro sobre roca sólida, y eso siempre resiste cualquier vendaval.

Que Dios bendiga a Costa Rica Grameen, a todas sus empresarias, y que los próximos

veinte años sean aún más luminosos que estos que hoy, con tanta gratitud, celebramos.

¡Muchas gracias!